Luz que delata hasta los churretes de suciedad porque esta luz, como la que cae ahora, es una alcahueta.Me alegra tu vuelta.
Y siempre luz que asombra.Un abrazo.
Es cierto, se trata de una luz un poco, o mejor un mucho, descarada; una luz de vida alegre que propicia todos los encuentros.Gracias y un beso recién llegado para ti, Isabel.
Asombrarse es, a mi entender, otra forma que tiene el corazón de latir. Me encanta nuestra complicidad "asombrosa" de luces y palabras.Un abrazo, Xuan.
Una luz alegre para inundar la mañana...Abrazos
Es cierto, Javier, la alegría tiene sus luces, como la tristeza. Por lo que he visto y leído en tus blogs, eres un gran recolector de ellas.Un abrazo, y gracias por tu visita.
el añil y el azulete sobre blanco son mis colores preferidos.
Creo que a la tristeza le es muy difícil adherirse a esos dos colores. Todo lo contrario de lo que le sucede al sosiego y a ciertas formas de la alegría.Siempre contento de saber de ti, Nán.
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8 comentarios:
Luz que delata hasta los churretes de suciedad porque esta luz, como la que cae ahora, es una alcahueta.
Me alegra tu vuelta.
Y siempre luz que asombra.
Un abrazo.
Es cierto, se trata de una luz un poco, o mejor un mucho, descarada; una luz de vida alegre que propicia todos los encuentros.
Gracias y un beso recién llegado para ti, Isabel.
Asombrarse es, a mi entender, otra forma que tiene el corazón de latir. Me encanta nuestra complicidad "asombrosa" de luces y palabras.
Un abrazo, Xuan.
Una luz alegre para inundar la mañana...
Abrazos
Es cierto, Javier, la alegría tiene sus luces, como la tristeza. Por lo que he visto y leído en tus blogs, eres un gran recolector de ellas.
Un abrazo, y gracias por tu visita.
el añil y el azulete sobre blanco son mis colores preferidos.
Creo que a la tristeza le es muy difícil adherirse a esos dos colores. Todo lo contrario de lo que le sucede al sosiego y a ciertas formas de la alegría.
Siempre contento de saber de ti, Nán.
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