El fanatismo consiste en redoblar tus esfuerzos cuando has olvidado tu objetivo (eso suponiendo que alguna vez dicho objetivo fuese realmente conocido y comprendido). Lo dijo George Santayana, que fue pensador preciso y por consiguiente culpable de contradecir a todas esas células inquietas en busca de su tumor que la humanidad padece y ha padecido. Hereje como pintor de Jesucristos con preservativo, utilizó su estilete de ironía y lucidez para diseccionar con precisión a los irrazonables que cuajan y compactan con cualquier razón, a toda esa carne de un dictado que nada dice y tampoco se entiende, ceros apretujados a la izquierda de la cifra de los de siempre, hordas de las verdades sin risa, histéricos amantes de las soluciones sin problema, arena de una playa sin niños, sin arena y sin mar.
Me refiero a todos esos efervescentes defensores de algo que suele ser estúpidamente circunstancial, a los rígidos que sólo se complacen con los ecos, a los innumerables que orgullosos corren a posicionarse en el agujero de cualquier absurda inercia, a los que deciden hacer ruido con el instrumento de su ignorancia, a los ávidos compradores de ideología en cualquier chino de medio pelo, a los palillos que se creen columnas en las que descansará la historia, a todos esos monos en regresión evolutiva de cuyas lejanas ramas no deberían haber bajado jamás.

4 comentarios:
Son tan precisas tus palabras que sólo puedo asentir y estar de acuerdo.
Además, la foto es bárbara.
En cuanto las vea -a mis palabras me refiero- se lo comunico (su precisión pasa por tu forma de leerlas).
Un beso de acuerdo.
Hola, Nán.
Detrás de esa ventana imposible parecía que se apretujaban todos los que se empecinan en cualquier razón irrazonable; todos esos que a partir de una sola idea frecuentemente ajena, levantan su absurdo Taj Mahal.
Para ser sincero, que te haya gustado...me gusta.
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