Construyen para sepultar, con la siempre renovada avidez de los hueros unidireccionales, cualquier vestigio de esa ternura con que las cosas se dejan pasar. Ellos, los ávidos, dictando e imponiendo por doquier su brillante oscuridad. Grotescos forenses de la emoción levantando cadáveres de piedra y olvido.
