Se querían como locos, libremente, con la risa a destiempo de la que sólo ellos eran capaces. Se querían como locos, libremente, con la luminosa noche de la que sólo ellos conocían su precisa sinrazón.
El perro como eficaz coagulante de la perra vida; excusa para decir alto y claro lo indecible; encajes sutiles para configurar de nuevo una historia de historias.
Como de costumbre, merodeaba la bestia por los alrededores de la bella (sin duda ignoraba que futuro le espera a un gorila albino levemente enternecido,cansado y postrero, vencido).
Ella no se detiene en la esquina; yo golpeo su espalda con mi soledad. Nada grave, sólo el desconcierto y unos rasguños en la memoria. Mi seguro no cubre el calor ni tampoco el deseo. Según parece, el suyo ignora todo lo referente a terceros.
Por esa ventana se asomó un airecillo sólo para contarme que el tiempo es apenas flor distinta. Qué risa me dieron, en ese instante, las sombras del después.