La densidad, en todo su esplendor, es necesaria para lidiar con el vacío. Él lo sabía y por eso decidió, sólo por esta vez, olvidarse del cincel. Tal cual estaba, esa noche, bajo la luna, no dudó en cenar con su obra.
Me convertirás en una adicta de esta cueva de cuyo diablo había perdido la pista y me preguntaba por qué lares andaría, si se habría evaporado expuesto al sol de la canícula o si habría encontrado el sendero de un hilo de luz para viajar a una estrella. Y vaya, vaya con la sorpresa! ¡Esto es cueva de maravillas! Y una gozada dejarse caer por esa trampa del pie y tropezar con las palabras que le pones y voltear el sentido, el encadenamiento si fin de ideas como fogonazos de luz: Los pájaros no son libres, tienen alas. Sabiduría y poesía. Gracias por esta cueva. Emilia Oliva
La anticipación. El saber que hay algo más allá. La piedra conmueve, como el silencio anterior a la música. Si yo hubiera sabido cómo también habría cenado con ella...
Estoy casi convencido de que fue Galatea quien decidió darle vida al inquieto Pigamalión (la piedra sabe y espera; el escultor ignora, balbucea, insiste, busca, cree encontrar, sufre, se cansa, desiste...). Un beso primigenio y gracias por estar Gemma.
Querida Emilia, esta cueva, si es que es algo, es un café pequeñito, de esos que hay en algunas esquinas, donde me asomo a menudo para ver si os encuentro. Encajes de bolillos tecnológicos, aunque siempre con la esperanza bajo el brazo de abrazos, charlas y besos en 3D.
Gracias a tí por pasearte por esta "cueva" y un beso.
Así como lo dices, Nómada, lo siento. El silencio hace la música posible; la piedra contiene y espera; las palabras necesitan lo que no dicen (pan dice lo que dice porque silencia nube). Tal vez todo este baile sea una impaciencia que se expande; un querer anticiparse a lo que no sucederá. Tal vez lo que ocurre es que no sabemos esperar sin más. Como siempre, Nómada, tus comentarios son un bálsamo y un placer.
6 comentarios:
Me gusta ese Pigmalión tuyo que rinde homenaje a la materia primigenia.
Besos
Querido Josep:
Me convertirás en una adicta de esta cueva de cuyo diablo había perdido la pista y me preguntaba por qué lares andaría, si se habría evaporado expuesto al sol de la canícula o si habría encontrado el sendero de un hilo de luz para viajar a una estrella. Y vaya, vaya con la sorpresa! ¡Esto es cueva de maravillas! Y una gozada dejarse caer por esa trampa del pie y tropezar con las palabras que le pones y voltear el sentido, el encadenamiento si fin de ideas como fogonazos de luz: Los pájaros no son libres, tienen alas. Sabiduría y poesía. Gracias por esta cueva.
Emilia Oliva
La anticipación. El saber que hay algo más allá. La piedra conmueve, como el silencio anterior a la música. Si yo hubiera sabido cómo también habría cenado con ella...
Estoy casi convencido de que fue Galatea quien decidió darle vida al inquieto Pigamalión (la piedra sabe y espera; el escultor ignora, balbucea, insiste, busca, cree encontrar, sufre, se cansa, desiste...).
Un beso primigenio y gracias por estar Gemma.
Querida Emilia, esta cueva, si es que es algo, es un café pequeñito, de esos que hay en algunas esquinas, donde me asomo a menudo para ver si os encuentro. Encajes de bolillos tecnológicos, aunque siempre con la esperanza bajo el brazo de abrazos, charlas y besos en 3D.
Gracias a tí por pasearte por esta "cueva" y un beso.
Así como lo dices, Nómada, lo siento. El silencio hace la música posible; la piedra contiene y espera; las palabras necesitan lo que no dicen (pan dice lo que dice porque silencia nube). Tal vez todo este baile sea una impaciencia que se expande; un querer anticiparse a lo que no sucederá. Tal vez lo que ocurre es que no sabemos esperar sin más.
Como siempre, Nómada, tus comentarios son un bálsamo y un placer.
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