La codicia y la ciega ambición de honores, que fuerzan a los míseros hombres a violar las fronteras del derecho y a veces, haciéndose cómplices y servidores del crimen, a esforzarse día y noche con empeñado trabajo para escalar el poder, tales llagas en la vida en no pequeña parte son alimentadas por el temor a la muerte.
(De rerum natura)

2 comentarios:
Y no será porque creyendo en el cielo-infierno, saben que van a ir todos de cabeza.
Hasta yo, agnóstica, estoy rezando para que lo haya, y he mandado a un montón a ver si se achicharran.
Abrazos.
Claro que hay infierno, Isabel, está justo al fondo a la derecha de sus corazones. Lo que no te sabría ubicar con precisión es el paraíso.
Un abrazo grandote.
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