miércoles, 4 de octubre de 2023

Equívocos (Viaje al Cabo de Gata -6-)

 


 Indigestión, lluvia, dos conejos, tres palomas y gigantescos centros penitenciarios donde los tomates se diría que cumplen pena por un incomprensible delito. Allí maduran de cualquier manera bajo un cielo de plástico. Huertas del infierno, sin pájaros, nubes ni caracoles; tomates masificados; tomates alienados; tristes tomates hermanos.


 En el camping hay grandes aventureros varados para siempre en sus parcelas; solitarios bungalows haciéndose compañía; caravanas que, como tristes y enormes perros, esperan a su amo. 


 Por fin la lluvia ha cesado en su empeño; se diría que se ha quedado sin ganas. Por fin la lluvia parece haberse cansado de ser lo que se supone que es. La gente va asomándose despacio a la mañana como caracoles recelosos. Un ojo al cielo y el otro al charco. Desde San José parte el camino, estropeado por la torrentadas, que lleva a las playas de Mosul y de los Genoveses.


 Caracolas, iridiscentes medusas y algunos troncos varados que parecen descansar de un largo viaje. Playas desmesuradas, casi lunares, donde el verde y el azul se pueden escuchar con solo prestar un poco de atención. Y allí la cifra que proponen las olas; esa eterna e inaudita cifra de sal y misterio; inmemorial recuento de todo y para nada.


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