Los últimos días decidió ofrecerlo todo a mitad de precio, pero no tuvo en cuenta la dificultad que tiene el calcular la mitad de precio de nada.
lunes, 9 de enero de 2012
Ultimos días
Los últimos días decidió ofrecerlo todo a mitad de precio, pero no tuvo en cuenta la dificultad que tiene el calcular la mitad de precio de nada.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Felicidades distintas
Compartimos la afición de masticar luz y conversar en silencio, también la obsesión por Marylin y un preciso desprecio, no exento de acerada envidia, por todos los DiMaggios y Millers que el viento confunde; compartimos la absoluta certeza de sabernos innecesarios y la absoluta indiferencia por los telediarios; compartimos el gusto por el aire frío y también una belleza alternativa, algo más tosca y levemente incomprendida. Azotes de cualquier pura sangre, utilizamos nuestra colas, distintas pero iguales, para espantar a todas las moscas instante que vengan a molestar con estas u otras verdades.
Por todo lo dicho, los dos juntos, almas gemelas en cuerpos provisionales, hemos decidido desearles al unísono salud y distintas felicidades para todos sus ahoras.
Besos y abrazos, por razones obvias y por esta vez, sólo míos.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Lisboa
Este hombre podría llamarse Ernesto pero da igual. Recuerdo que por un café y algo de compañía nos mentimos de esa forma en que se miente la gente que apenas le llega el alma a fin de mes. Me dijo: soy marinero y nací en Lisboa; le dije: por desgracia no soy marinero ni nací en Lisboa, pero no descarto la posibilidad de que sea marinero y haya nacido en Lisboa. Nos reímos, siempre tristes, un buen rato. Luego, ya en amistad y justo en el instante en que la tarde se confundía con el cansancio y otras cosas, decidimos zarpar juntos de ningún sitio rumbo a cualquier otro lugar, tal vez Lisboa.
Permítanme que insista, este hombre podría llamarse Ernesto, pero da igual.
Optaron por sonreír
martes, 6 de diciembre de 2011
Al otro lado del visor
Desde hacía un buen rato, tal vez demasiado, en el carrito convivían dos lechugas y medio kilo de pescadillas con lo último de Bolaño. En la plaza alguien manoteaba “Nothin But The Blues” o algo parecido. Creo que le gusto mi forma de enfocarla. Me sonrió y por falta de glucosa en sangre le devolví la sonrisa. No me pregunten como sucedió, pero cenamos ella, yo y su marido, que a pesar de estar muerto desde hace unos siete años, tenía un apetito voraz. Entenderán que tuve que mentir para escabullirme de esta imagen y poder regresar al otro lado del visor.
Aniversario
martes, 22 de noviembre de 2011
Cincuenta años después
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