Nada más verla me llamó la atención. Era evidente que tarde o temprano alguien vendría a buscarla y a pesar de ello desprendía una cierta sensación de desamparo, de soledad. Agosto y la humedad no tardaron en poner el resto. Me acerqué con mi peor sonrisa y me senté a su lado. Creo que nadie me vio pegar mis labios a ella. No me sorprendió que al llegar la noche su recuerdo se cobijara en mi desvelo y es que sólo le faltó un poco de limón para que el instante se proclamara perfecto.
6 comentarios:
Por eso dejaste la muestra, para que ella lo notara.
Deberían hacer las latas con una abertura para la raja de limón.
Y... ¿no viste a la chica?
Iba a preguntar lo mismo Que José Luis
¿A Ella no la viste?
fantástico
Saludos
Palabra de conductor de autobuses que la chica y la lata estaban ahí antes de que mi cámara se cruzara en su camino. En lo referente a lo de las latas y el limón, si no lo has patentado, quedamos en que vamos a medias.
Un abrazo burbujeante, Isabel, y gracias por la visita.
Mi querido amigo, ¿a qué chica te refieres?
De acuerdo, lo confieso, no sólo la vi sino que lo hice durante un buen rato...
Un abrazo culposo....
Para ser sincero, muy sincero, extremadamente sincero, si que la vi.Pero para ser igual de sincero, tambien vi a la pobre lata y me pareció justo rescatarla del olvido visual al que esa chica sin duda la condenaba.
Muchas gracias, Aquí me quedaré..., y un abrazo.
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