Siempre entraba y salía por la misma puerta y a la misma hora. A ese estrecho callejón de la rutina lo nombró Avenida de la Verdad. Luego, cuando el edificio entero amenazaba ruina, se le ocurrió la peregrina idea de tapiar la única salida estando él dentro.
6 comentarios:
Claro, seguro que se dijo: aquí estoy mejor porque para lo que hay que oír.
No llego a las ruinas del amor, vaya a ser que se pegue algo.
Un abrazo
Reconozco que esos ladrillos tienen un color atrayente, y la puerta en general, también.
Un abrazo
Bien haces en no acercarte a las ruinas del amor, siempre nos puede caer una teja tardíamente enamorada.
Un abrazo recién construido, Isabel.
Efectivamente, la textura y los colores me llamaron la atención, pero sobretodo el hecho de que por esa puerta salían y entraban biografías hasta que alguien decidió acabar con ello y tapiarla.
Otro abrazo, José Luis.
"una teja tardíamente enamorada", ¡qué bueno!
A veces el amor es algo parecido a una teja desprendida de su tejado. Esa, y sólo esa, será la que te partirá el corazón un poco después de hacer lo mismo con la cabeza.
Un abrazo precavido.
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