domingo, 16 de diciembre de 2012

Dice mi Mula



Dice mi Mula que no le molesta en absoluto que la llamen mula si esa convención tranquiliza al que la usa -tampoco le importaría, por idéntica razón, que la llamaran alondra, mecedora o chinchorrera- . Afirma, sin el menor titubeo, que la nieve no es feliz y que sin embargo no se le conoce tristeza alguna, siendo ese el motivo por el cual, para evitar malentendidos, no suele desear felicidad aunque tampoco nevadas -esa absurdo posicionamiento ha provocado entre nosotros mas de una agria discusión-. Insiste, sin dejar resquicio a la duda razonable, en que tarde o temprano nuestras biografías se confundirán hasta el punto de que será imposible establecer quién de los dos masticaba palabras y quién hierba fresca.

Convendrán conmigo que dejar en sus patas la necesaria tarea de los buenos deseos era poco menos que liquidar de un plumazo cualquier vestigio de relación social a la que pudiera aspirar mi exacerbada soledad.

Les ruego que no se precipiten en adjetivarla. Querer, lo que se dice querer, el bicho quiere, pero sospecho que la adorna esa particularidad que consiste en saber mucho de nada e importarle poco de todo.

Por todo lo dicho, seré yo quien les desee la salud que ustedes prefieran y la alegría menos triste de todas (no me cabe duda que ella les desea otras cosas buenas, pero como de costumbre, se las calla).

Un beso que, por razones obvias, es sólo mío.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Pau Casals




Una ventana pequeña, con rejas, por donde entra una claridad cuyas sombras son de luz y esmero. Y es en la impensable geometría de ese instante que otra luz distinta se alza, juega, acude y atiende, se ofrece, estalla, para declinar luego en un horizonte casi triste de bellísimo silencio. 

Pau Casals sonríe justo en el núcleo de este ahora súbitamente deshabitado por los cristales del tiempo.

Cualquier puerto



Se esforzaba en vano,
como un barco sin hélices,  
por zarpar de ese puerto que
sólo por serlo 
desarbolaba cualquier esperanza.

Seamus Heaney



Yo, hace ya cincuenta años que afilo las mismas piedras 
 y todo lo que he deshecho nunca ha sido lo que hice. 
Como la oscuridad delante de un espejo, no he tenido recompensa. 

(La linterna del espino)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Barceloneta: breve inventario



Un gimnasio frente al mar; la piel y sus derrotas; la avidez de las moscas y su incomprensible biografía; la goma de unas bragas delimitando un país ignoto; los que corren para perdurar; una cicatriz enorme como una segunda sonrisa; el dominó jugando con el sol; un autobús que acoge el cansancio de las bicicletas; el viento, con sus palabras silentes; la imparable hegemonía del óxido; la extraña sensación de espera de un futuro improbable; lo que queda del sol cuando ya no está; el terrible optimismo de las obras; la precisa certeza de todo lo que se muestra siempre por primera y única vez.

Un ángel


Un ángel se prostituyó para disculparse de tanto cielo. 
Se inmoló por una compasión inconsciente, 
por un amor al que ni siquiera su tristeza daba cobijo. 
Un ángel se prostituyó para disculparse de tanto olvido.

Truman Capote



Me da miedo pensar que puedo perder el sentido del humor. Convertirme en una inteligencia sin alma, enfilar la pendiente hacia la locura, y por tanto, como dice el acertijo zen, pasar el resto de la vida escuchando el sonido de la palmada de una sola mano. 

(Los perros ladran)