martes, 29 de junio de 2021

A destiempo la luz -10-

"El alma es la parte más cansanda del cuerpo" 
-Paul Bowles- 

 Sienta el alma en una silla, 
extiende sus cristales rotos, 
reposa un poco la tristeza; 
y por el cuerpo no padezcas 
que más tarde o más temprano 
a descansar siempre acierta.

domingo, 13 de junio de 2021

Nano

 



  Hay amistades que necesitan el hábito, que se nutren de la costumbre, y las hay que apenas requieren la fugacidad del instante, configurando estas últimas un espacio de posibles, una inmensa ternura con todo lo que aún no se ha dicho, un enorme cariño que no necesita ser explicado por el paso del tiempo.

  Recuerdo que en la estación de Atocha lo primero que vi fue un sombrero panamá que se dejaba llevar con estilo y, al acercarme un poco, sosteniéndolo, una sonrisa y unos ojos que ya eran un abrazo. Casi sin darnos cuenta, unos bocadillos de calamares y unas cervezas se erigieron en testigos precisos de un atropello de afecto, de risas, de asombro, de futuros proyectos y complicidades. De todas esas calideces, de toda esa humanidad de cercanías, de esa generosidad que exige a cualquier momento ser recordado, de todo eso, querido Nano, fuiste tú un despilfarrador nato. Es cierto que el margen que me ha dejado la vida para disfrutar de lo tuyo en lo nuestro ha sido más bien escaso. De Malasaña a los Pirineos son excesivas las esquinas, desmesurados los paseos, casi inaceptables los desniveles; pero ahora que me tienes no pensando en ti, sino sintiendo en ti, creo que puede ser un buen momento para decirte que tú eres  -no me  permito, por absurdo e inaudito, el “has sido”- una de esas personas capaz de querer y de hacerse querer sin necesidad de que distancia alguna tenga que colaborar en ello. Se te quiere igual a seiscientos kilómetros que separados por los escasos centímetros que suelen haber entre dos taburetes de la barra de un bar, y eso es algo infrecuente y admirable, un regalo que hace ya mucho tiempo desenvuelvo, agradecido,  una y otra vez.

  Querido amigo, no sé por dónde andas ahora; no sé en qué lugar aguarda tu voz para poder celebrar con ella la vida a pedazos; no tengo ni la más remota idea de la estación en la que debo apearme para poder abrazarte de nuevo. 

  De todas formas, que sepas que no te la voy a tener en cuenta. Sé de sobra que no es dejadez ni olvido, sino cansancio y destino lo que me traerá toda esa ausencia, todo ese enorme silencio al que no me resigno.


  Por lo demás, y a pesar de que el whisky y la noche se suelen llevar bien, te confieso Nano que esta noche no consigo que se disuelva en él la tristeza.


¿Qué decirte? lo que tú ya sabes: aquí estabas, aquí sigues, aquí estarás, querido amigo.

martes, 30 de marzo de 2021

A destiempo la luz -9-

 

“La noche cae en abundancia,

Reflexionemos pues como pájaros de lentitud”

-Juan Larrea-


Salir del corazón de los limones 

con el ánimo intacto.

Procurar el arrojo de la cereza

que se sabe instante y endulza.



miércoles, 24 de marzo de 2021

A destiempo la luz -8-



"Todo cuanto la humanidad entera se concede / he de gozarlo en mi profunda intimidad. / Lo más alto y lo más hondo asiré con mi espíritu. / Mi pecho albergará su dolor y su delicia. / De esta suerte dilataré mi ser al ser de todo / y al final, también como todo, he de deshacerme."

-Johann Wolgang Goethe-


Mía es la ola que tu primer llanto detiene. 

Mío el anhelo con el que indagas en lo otro. 

Mía la noche que reposa en tu cansancio. 

Mío el latido que a lo ignoto te precipita. 

Mírame. Me disuelvo contigo.




martes, 17 de noviembre de 2020

De realidad y añoranzas.

 


  Créanme si les digo que mi querida y añorada mula era una hacedora precisa de realidades bien distintas y que en ninguna de ellas se dejaba atrapar. Por lo demás, me sabrán perdonar "el lagrimón", pero es que esta tarde he dado levemente positivo de añoranzas.


miércoles, 14 de octubre de 2020

Bárbara Blasco ("Dicen los síntomas")

 

¿Se puede recitar una novela?

¿Cómo suena el jazz en oncología?

¿La belleza cuenta como acompañante?

¿Será la vida la forma que tiene la muerte de morirse?

¿Puede un gotero introducirnos suero poético?

¿Dónde comienza y dónde termina un hospital?

¿Se puede encuadernar el placer?

¿De quién o de qué somos los síntomas?

¿Puede un libro darnos el alta y mandarnos a casa?

¿Es la mentira la quimioterapia del dolor?

¿Quién responde la pregunta de un orgasmo?

¿Es alarmante la inflación del mercado familiar?

¿Es posible que “Dicen los síntomas”

provoque un gozoso colapso del sistema literario?


¡Pasen y lean, señoras y señores, pasen y lean!


La función -o el baile si ustedes lo prefieren- 

les está esperando para poder comenzar.


viernes, 9 de octubre de 2020

Un exceso de celo (Taller Bremen)

 


  El país a pesar de ser pequeño se onorgullece de ser antiguo, aunque ni lo uno ni lo otro justifique necesariamente que a menudo sea, como tantos otros, absurdo. Vestido apenas hace unas décadas con las holgadas ropas acrílicas de una democracia que, a fuerza de insistir en serlo, cualquier persona desantenta diría que lo es, no ha escatimado esfuerzos para dotarse de todos las instituciones, convenciones y ficciones que suele requerir esa curiosa forma que tenemos de creer ser algo, es decir, ese trapo emocional al que se suele llamar nación.

  Hasta ahí nada distinto que permita ser estudiado en humildes cátedras de provincia, tal vez si que añada algo de interés y excepción el hecho de que en la unidad de paliativos del Hospital Nostra Senyora del Remei agonizara, en el periodo en que ocurrieron los hechos, Joan Bellpuig, que con sus 97 años fue el único habitante de dicho país que durante unos meses no fue extranjero.

  Un descuido legal, o tal vez un exceso de celo, o quién sabe si un miedo mal ventilado, atávico y acerado, a los otros, o quizás la suma de todo ello, pero la cuestión es que al aprovar el Parlamento la ley de extranjería más resctrictiva que uno pueda imaginarse la cosa se les fue de las manos. Tan duras eran las condiciones necesarias para considerarse ciudadano con pleno derecho a orgullo, pasaporte y bandera que un martes cualquiera, a eso de las seis y media de la tarde, el Ministro de Deportes y Medio Ambiente, sin duda el más avispado y leído de los que formaban el gobierno, se percató, hojeando una gráfica que quería reflejar la evolución del censo electoral, que antes de acabar el mandato era muy probable que, de seguir así, casi todos los habitantes pasasen a ser considerados legalmente extranjeros.

  Al principio nadie quiso creer lo evidente, por lo que el deficiente informe que presentó al respecto el lúcido Ministro de Deportes fue acogido con más sonrisas que preocupación. No fue necesario aportar muchos datos para que un silencio densísimo, tiznado de miedo, perplejidad y algo de verguenza, le diera toda la razón.

  Casi de inmediato, una mano alzada en la que temblaba un Rolex que exigía ser considerado auténtico, dio paso a la pregunta que  la mayoría de los diputados temían hacerse: 

-¿Si todos somos extranjeros, cómo nos protegeremos de los extranjeros?

-!Si, eso! -grito el que siempre parecía el más tonto y eso hacía muy probable que lo fuera- ¿cómo protegeremos al país para que no caiga en nuestras manos?

-¿Quién nos votará -sollozaba inconsolable el Ministro más bajito-si ya nadie tiene derecho a voto?

 Es sabido que nada teme más cualquier cosa o situación ilusionada en seguir siéndolo que la inexistencia de su contrario. Innecesaria prueba de ello es que nadie sabría que cojones es una subida si no existiesen las bajadas; nadie concebiría a Nicanor Parra sin el inestimable contrapunto que posibilita Isabel Díaz Ayuso; ninguno se aventuraría a definir un beso si la palabra cementerio nada nombrase.

  Digo esto para que se entienda la intensa desazón que durante las interminables sesiones parlamentarias que siguieron al descubrimiento del leve gazapo legal, padecieron los recien extranjerizados representantes ya casi de nadie, dadas las circunstancias.

  A su favor hay que decir que, con gran agilidad y visión de futuro, se decidió adjudicar, como solía ser habitual por un importe que andaba entre lo indecente y lo excesivo, a una renombrada consultoría norteamericana el encargo de enmendar lo antes posible el entuerto legal. Tampoco les quisieron recriminar a los integrantes de dicha comisión algunas risas ahogadas que se escucharon en las inteminables reuniones de trabajo. 

  Ni que decir tiene que pasaron algunos meses angustiosos hasta que pudieron suprimirse algunas leyes y promulgarse otras; algunos meses más hasta que algunos familiares del govierno que propicio el curioso incidente pudieron hacerse cargo del nuevo gobierno, y otros más hasta que de nuevo pudieron aplicarse unas nuevas Leyes de Extranjería lo suficientemente restrictivas como para evitar que el pequeño y hermoso país fuese algún día governado por extranjeros. A pesar de la premura con que todo quiso llevarse a cabo, no se llegó a tiempo de evitar que durante un par de años todo el mundo se mirara con recelo por las calles.

  Aun hoy, cuando el tiempo ha hecho todo lo posible para imponer el merecido olvido, por los mentideros que propician los pequeños bares sin futuro se expande una de las más increibles, pero ciertas, anécdotas que posibilitó esa crisis de rabiosa extranjería que azotó el país, y es que según parece, y durante el tiempo que duró ese vacío legal, los miembros de la policia, actuando en el más estricto cumplimiento de sus obligaciones, se detenían entre ellos y se expulsaban del país, hasta que al ver el desamparo de las calles el govierno quiso extenderles a cada uno de sus miembros, y con caracter de urgencia, un permiso de residencia válido por unos meses, decisión que la oposición parlamentaria consiguió parar con el lógico argumento de que la ley no permite que un extranjero conceda un permiso de residencia a un extranjero.


  Tal vez también merezca ser recordado el hecho de que alguien consiguió recoger una gran cantidad firmas solicitando que el Parlamento aprovara un concurso público con el fin de levantar un monumento a los hermanos Marx en la Plaza de la Constitución. Propuesta que, como era de esperar, dicho Parlamento rechazó de forma casi unánime.