El artista, si supera su propio "virtuosismo", su propia "genialidad", no se convierte en un creador sino más bien en un paciente y tenaz arqueólogo de la perplejidad –la que nos provoca el ver por vez primera lo que siempre ha estado allí-. De no ser así corre el riesgo de convertirse en un farsante atrapado en su nombre y apellidos, un saurio de papel maché deslumbrado por su propio sol.
7 comentarios:
La cue tiene para mí un encanto especial.Lo leía en silencio desde hace tiempo.
Voy a ver los demás.
Un abrazo
Huyo o mejor dicho dicho Huí de toda genialidad en su momento y así me va.
Me llaman rara.
Tengo el convencimiento de que un síntoma de la genialidad es la sencillez, entendida esta no como "carencia de recursos", sino como "aceptación de limitaciones". El genio no ejerce, es e indaga.
Tus "lecturas en silenciio" de La Cua del Diable me producen una enorme alegría. Gracias.
Buena poética, Josep. Coincido con tu parecer. Hay que hacer recuento de toda la perplejidad que podamos.
Un abrazo y un pe tó
Es que, Gemma, es un hombre que se pregunta.
La perplejidad a veces la intuyo como algo parecido a una alegría que admira, o si se prefiere, a una forma de admirar alegre.
Un pe tó d'alçada, Gemma.
Tal vez una pregunta que se hombre...
¿Un abrazo? respuesta: claro que si.
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