miércoles, 6 de septiembre de 2023

Equívocos (Viaje a Cabo de Gata -2-)

 


 Casitas cuadradas, con sus flores, su cal y su poquito de recelo. Lloviznea y los mismos perros de ayer van despertando sin prisas al pueblo. De pronto, entre la niebla, aparece un parloteo de mujeres, como un revuelo de palabras que, empujándose unas a otras, pugnasen por ser dichas. Visten ropa que quiere ser deportiva y se queda en desmanejada. Algo parecido a una música que -a modo de reclamo- regurgita el pabellón polideportivo, las va engullendo despacio una a una. Todo indica que van a dar clase de algún tipo de danza cuyos orígenes probablemente habría que buscar muy lejos de estas enjutas y resecas tierras.

-Buenos días, un café corto y uno largo-, y desde las cuatro mesas desvencijadas algunas miradas, con más cansancio que malicia, se demoran un poco en nosotros. Luego las calles humildes que el tiempo desde siempre desprecia, y la torrentera por cuyo cauce corren alborotadas aguas de tierra sorprendida; aguas recientes que parecen ignorar su destino de barro y a las que, sin duda, ningún mar aguarda. 


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