En Lucainena de las Torres la tormenta confunde y deshilacha sus callecitas empinadas. Todo parece esperarase, paciente, a que se les pase el enojo a los negros nubarrones. Por el barranco maldicen algunos truenos. Nosotros hacemos ver que no nos importa y dejamos a la lluvia lloviendo para dirigirnos a Sorbes, un pueblo despeinado, mal vestido, se diría que estéticamente indiferente y despreocupado. Dos casitas con algún encanto, una pequeña plaza que se deja sentar, la Ermita de Sant Roque -que se proclama de estilo popular- y un apuro al no saber si de sus angostas calles podrá salir nuestra querida furgoneta.

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