martes, 5 de septiembre de 2023

Equívocos (Viaje a Cabo de Gata -1-)

 






  Es evidente que se nos ha encariñado la lluvia. Inconsciente, se agarra al parabrisas sin importarle lo más mínimo el inevitable atropello; ni siquiera el desierto, con su carácter arisco, parece intimidarla. No cabe duda de que le hemos caído bien, de que se ha empecinado en ir a donde nosotros vamos. Húmeda tozudez que no quiere ni oír hablar de despedidas. Así, al pasar por Tarragona se diría que sonríe; que se trata de una lluvia entre amigos casi disculpándose por llover. En Valencia muerde como un perro desatado y rabioso a dentelladas con la tarde; lanzándose incluso, sin amedrentarse, sobre los enormes camiones que la embisten. En Almería, tal vez agotada de su larga y dura jornada, bosteza. Normal, si tenemos en cuenta que la pobre lleva más de ochocientos quilómetros lloviendo; y es que hay amores que, si no llegan a matar, no cabe duda de que por lo menos te dejan empapadas casi todas las certezas. Afortunadamente, Tabernas, ya adormecida por los perros, nos acoge sin ofrecer apenas resistencia.

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