Vestido de negro desbaratado, entre ahogos y jadeos, te oigo proclamar: -¡a galopar! ¡a galopar!, y yo te pregunto, querido Paco: -¿en qué caballo? -¿hacia qué mar?
La pendiente precipita a ese lugar que no debe ser sitio alguno; ese lugar donde presentes que nada esperan se regocijan con lo inevitable. Desconcertante cita en una encrucijada de aire.